El autismo es un trastorno del desarrollo profundo y permanente que afecta a la capacidad de comunicación y relación con los demás. Se trata de una incapacidad de interaccionar socialmente y se mantienen aislados. Por otra parte surgen movimientos incontrolados de las extremidades como las manos.
En adolescentes y adultos con autismo, es frecuente que aparezca ansiedad y depresión, ya que la respuesta al estrés en ellos es mucho más pronunciada o bien pueden estar generadas por la adversidad social. El autismo afecta con una frecuencia 3 o 4 veces mayor a los niños que a las niñas. Además, un tercio de los adolecentes autistas suele sufrir ataques epilépticos.

En el lactante se suele observar un balbuceo tardío y monótono del sonido y una falta de contacto con su entorno y de un lenguaje gestual. El niño autista no sigue a la madre y puede entretenerse con un objeto durante bastante tiempo sin saber para qué sirve.
En la etapa preescolar, el niño no muestra ninguna clase de contacto, se muestra extraño, no habla y le cuesta identificar a los demás. Pueden presentar conductas agresivas hacia otros e incluso a sí mismo, además de llevar a cabo actividades de poco alcance de manera repetitiva.
Dado que el autista posee grandes problemas de comunicación, es incapaz de mantener una conversación social, ya que se comunica por medio de gestos y apenas desarrolla el lenguaje o no llega a hacerlo. Tampoco ajusta la mirada hacia los objetos. Repite palabras o memoriza pasajes comerciales e incluso utiliza rimas sin sentido.
En lo referente a su comportamiento, se expresa con ataques de cólera intensos, mostrando agresión hacia otras personas o hacia sí mismo y es perseverante, ya que se dedica a una sola tarea porque sus intereses son muy restringidos y tiene períodos de atención breve.
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Por: Gema
Etiquetas: ansiedad, autismo, conducta, depresión, lenguaje, problemas de comunicación
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