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Uno de los momentos más enternecedores del embarazo es cuando se ve por primera vez al hijo, aunque sea a través de una pantalla. La primera foto del bebé, es la imagen de una ecografía. Pero ¿qué es exactamente una ecografía? y ¿para qué sirve?
La ecografía es el método utilizado para confirmar el embarazo y su ubicación- intra o extrauterina-, controlar el desarrollo normal de bebé, estimar su peso y ver donde está implantada la placenta. A nivel emocional, es el primer contacto entre madre e hijo, pues a pesar de no poder tocar al bebé se le puede ver y escuchar sus latidos a partir de la 6ª o 7ª semana de gestación. Además, la ecografía permite diagnosticar el sexo del bebé antes de nacer.

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La ecografía, también llamada ultrasonido, fue utilizada por primera vez durante la Segunda Guerra Mundial. Pero por aquel entonces con un uso muy distinto al actual: servía como técnica para localizar submarinos enemigos. Años después se descubrió que la misma tecnología se podía usar para observar al feto dentro del útero.
A pesar de sus inicios bélicos, la técnica de la ecografía es inocua tanto para el bebé como para la madre, y hasta el momento no se ha demostrado que condicione la aparición de ningún efecto adverso para ninguno de los dos. Aún así, no es muy recomendable abusar de las ecografías y realizar sólo las necesarias.
En un embarazo normal sin complicaciones, las ecografías necesarias se reducen a tres: La primera entre las 6 y 12 semanas para el diagnóstico de embarazo, la segunda entre las 16 y las 20 semanas para el diagnóstico de malformaciones fetales y la tercera luego de las 32 semanas para controlar el crecimiento fetal.
Por: María Crespo


