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Siempre hemos oído que los ancianos se comportan a veces como niños o que los más pequeños de la casa parecen auténticos adultos. Las similitudes entre niños y ancianos son algo palpable y si no, atento a este post.
Los niños y los ancianos poseen varias semejanzas. Estas coincidencias entre ambas edades, se deben tener en cuenta al momento de cuidarlos.
No se pueden valer por sí mismos, sino que necesitan cuidadores.
En la dosificación de los medicamentos, la regla de oro es que con los ancianos hay que utilizar la menor cantidad de medicamentos posible, el menor tiempo posible y en la menor dosis posible, como con respecto a los niños, cuyas dosis deben ser la mitad o la tercera parte de la de los adultos jóvenes.

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El juicio crítico es otro elemento similar. Con los años el niño lo alcanza, y el anciano lo pierde. Ocurre igual con el control de los esfínteres, porque el niño se orina cuando lo desea, y el viejo no puede evitarlo, debido a su próstata deteriorada, ninguno de los dos lo hacen por ser sucios o malos.
Después viene la fragilidad y la vulnerabilidad: los niños y los ancianos pasan por igual, en segundos, de la risa al llanto y viceversa; y tanto aquellos como estos son más vulnerables y frágiles ante infecciones, intoxicaciones u otros percances.
Asimismo la infancia y la vejez requieren la dieta diferenciada. En ninguno de los dos casos, a las doce de la noche o a las tres de la madrugada, se les puede dar a comer un potaje de garbanzos, una paella o una fabada.
Por: Lidia Ruiz
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Categorías: Infancia

