La dentición del bebé suele empezar a formarse entre los seis y los ocho meses; ésta está formada por unas veinte piezas dentales y sobre los seis o siete años comienzan a salir las definitivas que son de treinta y dos piezas dentales. La dentición puede ser más temprana o tardía, dependiendo de cada niño.

Hay que señalar que será importante vigilar el retraso de la dentición, porque en algunos casos puede ser motivo de enfermedades, tales como el hipotiroidismo, o la deficiencia de vitamina D, aunque actualmente estas enfermedades se pueden detectar, mediante los estudios hematológicos del cordón umbilical.
Sobre los seis u ocho meses aparecen los incisivos inferiores y los incisivos superiores aparecen entre el octavo y décimo mes. Entre los diez y catorce meses aparecen el resto de incisivos superiores e inferiores, dos en la parte superior y dos en la inferior; entre el año y año y medio surgen los primeros molares, dos arriba y dos abajo.
Entre el año y los dos años, brotarán los caninos, dos superiores y dos inferiores y entre los veinte meses y los dos años y medio aparecerán los segundos molares, dos en la parte superior y otros dos en la inferior.
Durante el tiempo en el que brotan las piezas, el niño babeará mucho y estará irritable y molesto, porque las encías se inflaman y produce dolor, sentirá poco apetito, diarreas e incluso fiebre. Será conveniente que se le proporcioné al niño un mordedor, ya que aliviará la necesidad de morder que siente el pequeño.
Durante los dos primeros años, es necesario limpiar sus dientes con un algodón humedecido en suero fisiológico y a los dos años ya se puede enseñar al niño a habituarse al cepillo dental y con el paso del tiempo comenzar a cepillarse él sólo, bajo la supervisión de una persona mayor, hasta los cinco años aproximadamente en que el niño podrá hacerlo él sólo después de cada comida.
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