

Entre los diferentes tipos de termómetros que puedes encontrar en el mercado no todos son recomendables para un bebé. Los de mercurio no están aconsejados por los especialistas ya que podrían romperse y exponer a tu bebé a su toxicidad. Tampoco son recomendables los que tienen forma de chupete. Pese a su aparente comodidad no son fiables, puesto que el niño es difícil que lo mantenga quieto y el resultado puede no ser el correcto.
Los termómetros digitales son, sin duda, los más fiables. Vale la pena asegurarte aunque tengas que gastar un poco más de dinero. Otra buena elección sería el electrónico de oído, que mide la temperatura en el tímpano, pero sólo se recomienda para bebés de más de tres meses. Ambos termómetros son sencillos, manejables, rápidos y seguros.
En cuanto a el lugar dónde colocarlos, a los recién nacidos se les suele colocar en el recto, para ello compra un termómetro especial para no producirle ningún daño. A excepción de los de oído, se recomienda la axila para los menores de dos años, y la boca para los mayores de cuatro ya que podrán colaborar más y no morderlo.
Por supuesto, ante cualquier alarma no lo dudes, avisa a un médico.