El herpes más probable se genera al nacer, al pasar por la vía del parto o después del nacimiento, al contacto con el beso, por ejemplo, con alguien que tiene herpes labial.

La causa más común de infección por herpes en bebés recién nacidos es el herpes tipo 2 o herpes genital, pero también puede presentarse el tipo 1. El herpes puede aparecer únicamente como una infección cutánea, pudiendo manifestarse pequeñas ampollas llenas de líquido que se rompen, forman costra, finalmente, sanan y, a menudo, dejan una leve cicatriz.
También la infección por herpes se puede propagar a través de todo el cuerpo y adquiere el nombre de herpes diseminado, donde el virus del herpes puede afectar muchas partes diferentes del cuerpo. Si aparece en el cerebro, se denomina encefalitis herpética, en ocasiones, pueden resultar afectados los riñones, pulmones e hígado y puede tener en la piel o no, ampollas.
Los bebés recién nacidos que padecen un herpes diseminado, que afecta al cerebro u otras partes del cuerpo están muy enfermos y pueden padecer síntomas, como dificultad respiratoria, cianosis, aleteo nasal, tendencia al sangrado, respiración acelerada, episodios cortos sin respiración, baja temperatura, ictericia, coma, crisis de epilepsia, mala alimentación, convulsiones, shock o lesiones cutáneas como ampollas llenas de líquido.
En cuanto al herpes adquirido en un período poco después del nacimiento, tiene síntomas similares a los del herpes adquirido al nacer. El herpes intrauterino puede causar: enfermedad ocular, como inflamación de la retina, daño cerebral grave o lesiones cutáneas como úlceras.

Generalmente, las infecciones con el virus del herpes en bebés, son tratadas con medicamentos intravenosos. El medicamento antiviral más común que se utiliza es el Aciclovir y es posible que el bebé necesite tomarlo por varias semanas; cuando existen shock o convulsiones y el bebé está muy enfermo, por norma general, se tratan en unidades especiales de cuidados intensivos.
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