La leche de avena es una buena opción para los bebés, a partir de una determinada edad, dado su alto contenido en nutrientes, como son las vitaminas y minerales. Contiene un 36% de calcio, frente a un 28% que aporta la leche de vaca y el doble de la dosis recomendada de vitamina A que la leche de vaca; ambos unos nutrientes muy importantes durante el crecimiento.

La leche de avena es adecuada para los bebés con intolerancia, ya que no contiene lactosa, pero no es apta en el caso de que tu bebé sea celíaco, excepto aquellas que expresan en sus etiquetas que no contienen gluten; además es muy baja en grasas, tan sólo posee 2,5 gramos, frente a los 8 gramos que aporta la leche de vaca, de los cuales 5 gramos proceden de grasa saturada, y no aporta colesterol. En definitiva, es una gran opción para los niños, especialmente para los niños veganos.
Gracias a su aporte de antioxidantes, fortalece el sistema inmunológico y es alta en fibra, lo que hace que el bebé muestre un sistema inmunológico fuerte y resistente frente a virus e infecciones y es capaz de evitar el estreñimiento.
Hay que decir que el aspecto negativo es que posee muy poca proteína frente a la leche de vaca, pero cuatro veces más que el resto de leches vegetales y contiene minerales importantes como el hierro, manganeso, potasio, cobre, selenio, zinc y fósforo y vitaminas del grupo B. Aunque no puede competir con la cantidad de vitamina D y potasio que la leche de vaca, existen numerosas marcas de leche de avena enriquecidas.
Puedes elaborar tú misma la leche de avena, mediante una sencilla receta: 1 taza de copos de avena, 5 tazas de agua, 1 cucharadita de extracto de vainilla y stevia si lo deseas para endulzar. Llévala a ebullición, tápala y cocínala a fuego lento durante una hora, después cuélala y guárdala en la nevera.
Fuente Imagn ThinkStock.