A partir del nacimiento, una buena nutrición ayuda a construir los cimientos de una vida sana y satisfacer las necesidades nutricionales de los lactantes es esencial para su crecimiento y desarrollo saludables. La lactancia materna es la mejor manera de proporcionar atención nutricional óptima, tanto inmunológica como emocional de los bebés.

La leche materna proporciona todas las vitaminas y minerales que el bebé necesita y contiene anticuerpos que pueden ayudar a proteger al bebé de las infecciones de oído, diarrea, infecciones respiratorias y meningitis. La leche materna es especialmente beneficiosa para los bebés prematuros, debido a la inmunidad que proporciona.
Si decides no amamantar, necesitas complementar la leche materna con fórmula, que pueda proporcionar una nutrición óptima para tu bebé; la mayoría de los pediatras recomiendan fórmula fortificada con hierro o con ácidos grasos Omega-3, importante para el desarrollo cerebral. Si tu bebé desarrolla una alergia o muestra signos de intolerancia a la lactosa, tendrá que cambiar a otra fórmula.
La mayoría de los bebés están listos para comer alimentos sólidos cuando tienen de 4 a 6 meses de edad. y se recomienda empezar con un cereal fortificado con hierro, pasando luego a comer puré de carne, frutas y verduras, que aportan los carbohidratos, proteínas y vitaminas, y minerales, necesariospara un óptimo crecimiento.
Por último pasará a comer con las manos, la comida cortada en trozos pequeños, cuando el bebé posee de 8 a 10 meses de edad. La ingesta de hierro es especialmente importante durante esta etapa, debido al papel que desempeña en el desarrollo del cerebro y su deficiencia puede causar un crecimiento lento, palidez, falta de apetito e irritabilidad entre otros.
De los 6 a los 11 meses se recomienda introducir los purés de carne, fideos o arroz blanco y alimentos en puré con una textura más gruesa y al cumplir el año de edad será tiempo para ofrecer al bebé alimentos más duros e ir introduciendo la leche de vaca.